27 agosto 2009

El hambre, ¿nos rebela o nos somete?

Hoy toca hablar de la pobreza, pero viéndola a esta como la mejor herramienta para mantener a las mentes inquietas adormecidas con un sustento que lo obliga a trabajar y apenas le permita pensar. Una vez un amigo me decía “desde que se descubrió que se podían pagar “miserias”, que apenas les alcancen para vivir, que los obliguen a volver por mas, entonces, que sentido tenía ya la esclavitud. Si esto le era mucho más beneficioso y encima, si no les gustaba el empleado, podían buscar otro”. Sin duda, en esta frase estamos pasando por alto muchos acontecimientos históricos, solo tomarlo como una opinión.
Antonio Baños Boncompain, en su libro cita a un tal Joseph Townsend (1734-?), un clérigo que decía “el hambre domesticará a los animales más feroces, enseñará a los más perversos la decencia y la civilidad, la obediencia y la sujeción. En general únicamente el hambre puede espolear y aguijonear (a los pobres) y obligarlos a trabajar”. Sin duda la formula para la sumisión se fue elaborando poco a poco, viendo que si bien el pueblo cuando llega a un punto critico explota y sale en un grito a defender su dignidad, también existen grandes posibilidades de que calle y trabaje como un siervo útil. También lo digo por mí.
En síntesis, y a lo que quería llegar, toda crisis es necesaria, no se puede mantener un ritmo y nivel de vida donde todo sea bello para todos, eso es imposible. Se necesita ajustes para que caiga un poco y volver a sacar esta tajada que marca la diferencia. Como dijo Adam Smith, “Los salarios mas altos se dan en los países que no son muy ricos."

20 agosto 2009

Es de tontos preocuparnos si sube el precio del petroleo.

Hace tiempo que me viene dando vueltas en la cabeza la idea del “día a día”, me refiero a que en realidad, mas de uno de nosotros, creemos que pensamos en nuestro futuro, que hacemos las cosas en función de crear un bienestar para el mañana, la mayoría de las veces de forma automática, casi inconsciente. Pero no es así, estamos luchando por el día a día. Por mas que en el fondo intentemos creernos transgresores y hasta escapistas de este sistema montando que algunos enchufaron y caímos dentro como borregos.
Este sistema, que más que sistema lo hemos tenido que aceptar como forma de vida, nos mantiene como tontos, creyendo que trabajar mas nos salvará, pero lo único que conseguimos, además de perder nuestro valioso tiempo (tiempo = vida) es comprar esa ultima play station que parece espectacular, y ese ultimo nokia que hace maravillas, y así, sin darnos cuenta, caemos otra vez en el día a día.
Una vez viajé a Marruecos y una de las apresuradas deducciones que saqué fue, que esa gente vive el día a día, que tratan de conseguir esa comida de hoy, por si aun lo habían hecho, y si no se consigue, pues mañana será otro día y habrá que volver a intentarlo. Al principio me sentí excluido, me sentí el occidental superado. Pero me equivoqué, porque a mayor o menor escala, nos pasa exactamente lo mismo. Tampoco quiero decir, que aquel que tiene su fortuna segura en acciones de una buena empresa en la bolsa, o aquel que guardó su dinero bajo el colchón, o aquel que nació con cuna de oro esta salvado. No lo creo, ni lo envidio, ni me interesa.
Mi bronca va contra aquellos que se aprovechan de los tontos que vivimos el día a día. Nos levantamos esperando que no suba el precio del pan, nos preguntamos si el barril de brent habrá bajado. ¿Para qué? Si baje o suba, la estación de servicio no bajará el precio. Esta gente no puede perder. No van a perder. Solos los que necesitamos y vivimos ese día a día. No sé si expliqué bien lo que intentaba decir.

14 agosto 2009

MAS SOBRE DECRECIMIENTO

En los últimos años, pero especialmente después de agosto de 2007, cuando la llamada crisis económica y financiera explotaba en los Estados Unidos, venimos oyendo hablar de boca de reputados economistas, filósofos y activistas próximos a los movimientos sociales antisistémicos del decrecimiento (referido a la producción y al consumo de las sociedades capitalistas) como única alternativa posible a la crisis del sistema neoliberal. No es una idea banal, ni despreciable en absoluto.

Antes de comenzar, habría que indicar en primer lugar que quienes participamos de la lucha de los movimientos sociales antisistémicos no buscamos alternativas a la crisis del sistema neoliberal. Buscamos alternativas al sistema neoliberal, esto es, que no nos valen las soluciones que proponen los poderosos, pues sólo tratan de “volver a la senda del crecimiento” y recuperar el estado financiero mundial previo a la crisis, como bien demuestran las inyecciones multimillonarias que el G20 acaba de decidir para el FMI, uno de los principales causantes de este desorden mundial que sólo habla de crisis financiera, pero que sobre todo está configurada por una crisis ambiental, una crisis alimentaria y una crisis humanitaria en todos los aspectos. Como bien dice el filósofo José María Ripalda: “Nos presentan una crisis ‘en el’ capitalismo, no una crisis ‘del’ capitalismo; como mucho se habla de algunas reformas legales que nadie cree que vayan ser profundas”.

Por lo tanto, la lucha es por cambiar el sistema, no por recuperarlo, y el decrecimiento un camino necesario que implica no sólo un poco más de conciencia ecológica o humanitaria, sino “un cambio radical en la manera de producir, de consumir y de vivir, una nueva manera de organizarnos social y económicamente” (Paco Fdez. Buey)

En segundo lugar, es muy importante destacar que debemos desterrar la idea de que el culpable de la situación mundial –en la que un 20% de la población explota el 85% de los recursos y en el que más de dos millones de personas mueren de hambre diariamente– es sólo la expresión neoliberal del capitalismo. Cierto es que la imposición mundial del capitalismo bajo su disfraz más bárbaro desde hace aproximadamente dos décadas, de lo que se da en llamar globalización neoliberal, no fue capaz, como afirman sus defensores –decían que el mercado por sí mismo regularía toda disfunción social– de solucionar las necesidades más básicas de la humanidad. Esa doctrina fundamentalmente económica –basada en el crecimiento–, pero también política, ideológica y social, por la que el capital dinero tiene más importancia que la el “capital humano”, generó más desigualdad social, más destrucción ambiental, más desprecio por los derechos humanos, por la diversidad cultural y por la soberanía de los pueblos, más inseguridad en todos los campos, del local al global, y un boquete insalvable entre el centro y la periferia del sistema.

Sin embargo, no es menos cierto que el enemigo no es sólo el neoliberalismo. Es el capitalismo en sí. El neoliberalismo no es más con un capitalismo gordo y seboso, muy pesado y poderoso, pero también con evidentes riesgos cardiovasculares, que por fuerza deben llevar al infarto. Nosotros intentamos inducir ese infarto y a ser posible sin que haya cerca ningún experto en reanimación cardiopulmonar. Como dice François Houtart: “La distinción entre un capitalismo salvaje y un capitalismo civilizado no existe, porque el capitalismo es civilizado cuando debe y salvaje cuando puede”.

TEORÍA DEL DECRECIMIENTO

El razonamiento de la llamada teoría del decrecimiento es bien sencillo, casi de perogrullo, y existe porque existe el crecimiento. El sistema neoliberal imperante se sustenta en la falacia de que un crecimiento continuo –entendido este como crecimiento económico medido más que nada a través del PIB– es directamente proporcional al bienestar de la humanidad. Según dicen proporciona empleo, servicios sociales a pesar de que estos sean privados, bienes materiales a puñados, cohesión social, tecnologías que arreglarán toda disfunción social a largo plazo y camina hacia una mayor igualdad entre los seres humanos. Pero a nadie escapa que este crecimiento, que sólo habla de un crecer infinito en la producción de bienes y servicios (PIB), no es compatible con el hecho de que se cimienta en uno continuo expolio de los recursos naturales del planeta, de la materia y de la energía.

Siendo estos recursos finitos, resulta por lo tanto evidente que el crecimiento continuo es un imposible, y con él caminamos no solo a un cataclismo ecológico irreversible, y por lo tanto a hacer peligrar la vida en el planeta, sino a una deshumanización de la propia especie humana, que extermina culturas, lenguas, civilizaciones y todo lo que signifique futuro. Frente a esto sólo parece quedar un camino, coger la autovía del decrecimiento sí o sí. En nosotros está que ese decrecimiento sea sostenible, controlado, o por el contrario traumático, en forma de recesión primero y grave y conflictiva depresión después, entrando en una especie de economía de guerra.

De este modo, quienes defienden el decrecimiento afirman que no es posible conservar el medio ambiente, y por lo tanto la humanidad, sin reducir la producción económica, responsable de que actualmente estemos superando la capacidad de regeneración del planeta, como veremos más adelante. Hace falta pues caminar hacia reducción radical del consumo y de la producción, estableciendo una etapa de transición hacia una nueva forma de organización social, hacia una economía que produzca bienes en función de las necesidades reales de todas las personas respetando los límites planetarios.

El decrecimiento por lo tanto no es una teoría ni un simple anhelo de los movimientos sociales. Ni siquiera tiene un programa concreto. No existe un comité mundial para el decrecimiento ni una fórmula global para decrecer. De hecho, algunas cosas tendrán que decrecer, más otras no. El decrecimiento es más bien una consigna, o a lo mejor una ley natural inevitable, tan inevitable como la noche después del día, “defendida por quienes realizan una crítica radical del desarrollo con el objetivo de romper el discurso estereotipado y economicista y diseñar un proyecto de recambio para una política del ‘postdesarrollo’? (Serge Latouche).

Vaya, que como dice uno de los padres del decrecimiento, Georgescu-Roegen, “antes o después el crecimiento, la gran obsesión de los economistas estándar y de los marxistas, tiene que terminar. La única pregunta abierta es cuando”.

EL MITO DEL CRECIMIENTO

El crecimiento económico –pues hay otros crecimientos benévolos e incluso deseables– parece ser la única medida que el sistema emplea para legitimarse y de él hicieron un dogma social que quedó impreso en las personas de lo común:

1. Es el objetivo central de nuestras sociedades, el horizonte de las políticas de quien nos malgobierna, incluso desde la izquierda, que discute la redistribución, pero no la producción y el consumo. Históricamente asistimos a un pacto izquierda-derecha con una connivencia de los sindicatos en materia económica.

2. Nadie se pregunta que y para que producir.

3. Hay una prostitución del lenguaje, de las consignas, para convencer a la población, pues sólo se habla de crecimiento (hasta negativo), como si hablásemos de rejuvenecimiento negativo en vez de envejecimiento (Giorgio Monsangini). Leer mas
Fuente: rebelion.org

12 agosto 2009

¿Y que fue de esa historia llamada crisis?

Pasamos momentos de angustias terribles, donde nuestro futuro se veía negro e incierto, los medios de comunicación nos bombardeaban con la nueva crisis, aprendimos por obligación términos como subprime, fondos de inversión, etc. Y de repente, hoy sabemos que la crisis continua porque vemos mas parados, mas gente buscando trabajo, sueldos que han bajado y menos turistas recorriendo el mundo.
O sea, como si ya el vendaval pasó y como a mi no me afectó tanto, seguimos como si nada. Los noticieros hasta parecen que intentan no hablar del tema crisis, supongo porque ya no vende tanto y obviamente pasó el impacto y la novedad.
Pero mi duda es la siguiente, después de habernos nutrido con tanta información, después de haber comprendido el motivo de dicha crisis, después de saber como y porque se originó, ¿por qué no buscamos a los culpables?, ¿por qué dejamos que esta gente siga suelta planeando la siguiente maniobra? ¿acaso no tenemos nombres, apellidos y hasta teléfono de estos economistas que se burlaron del mundo? O sea, que nadie va a pagar por esto. Nadie va a ser, aunque sea, señalado por la calle.
A ver si nos entendemos, acaso los mismos que planearon esta maniobra engañosa, ¿no son los mismos que buscan las mil y una formas de bajar los costes al máximo para aumentar las ganancias de la empresa, y sin escrúpulos bajan al mínimo los sueldos a los empleados y luego se pasean con un Ferrari y se compran una casa en la playa?. Los economistas tienen nombre y apellidos, las personas que encendieron la llama de la crisis son reales, ¿por qué no se toman medidas contra ellos?

08 agosto 2009

Una bombita de nada

Este jueves 6 de agosto, se cumplieron 64 años de la bomba en Hiroshima, tres días después, la de Nagasaki. La primera bomba fue arrojada a 8.15 sobre la ciudad, mientras el avión que la había arrojado (Enola Gay) se alejaba, el Capitán Robert Lewis, copiloto del bombardero, comentó: «Dios mío ¿Qué hemos hecho?» y Bob Caron, artillero de cola del Enola Gay describió así la escena:
“Una columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo. Todo es pura turbulencia. Es una masa burbujeante gris violácea, con un núcleo rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... catorce, quince... es imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo [...] El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o quizá tres mil metros de anchura y unos ochocientos de altura. Crece más y más. [...]Es muy negro, pero muestra cierto tinte violáceo muy extraño. [...]La ciudad debe estar abajo de todo eso. Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo.”
Dieciséis horas después del ataque el Presidente De Estados Unidos, Harry S. Truman declaró públicamente:
“Ahora estamos preparados para arrasar más rápida y completamente toda la fuerza productiva japonesa que se encuentre en cualquier ciudad. Vamos a destruir sus muelles, sus fábricas y sus comunicaciones. No nos engañemos, vamos a destruir completamente el poder de Japón para hacer la guerra. [...] El 26 de julio publicamos en Potsdam un ultimátum para evitar la destrucción total del pueblo japonés. Sus dirigentes rechazaron el ultimátum inmediatamente. Si no aceptan nuestras condiciones pueden esperar una lluvia de destrucción desde el aire como la que nunca se ha visto en esta tierra.”
Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia y distintos cánceres, debidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.
Estados Unidos tiene el record, único país que ha utilizado esta clase de armas.
En la actualidad, se nos hace difícil aun comentar sobre este acontecimiento sin caer en el fácil recurso de machacar esta terrible acción. Eso se nota en los medios periodísticos que tocan el tema con cierto recelo y cuidado, tratando de involucrarse lo menos posible. Damos por supuesto que todos estamos en contra de esta clase de armamento, bueno, de ésta y de toda clase de armamento, como así de este ataque a civiles como de todos los ataques a poblaciones civiles. Ahora bien, no les parece que aún hablamos de Hiroshima y Nagasaki, como algo que pasó hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, como si hablásemos del "País del nunca jamas" y como si los protagonistas fuera personajes ficticios. No sé, tengo la sensación que aun no se ha asimilado y que hablar de ello puede resultar empalagoso. Cuando deberíamos estar todo el tiempo remarcando las salvajadas que somos capaces de cometer.